Desde la fundación de la Compañía, los jesuitas constituyeron un paradigma educativo que ambicionaban multiplicar y hacer crecer activamente, con el convencimiento de que teniendo raíces es más fácil orientarse hacia el futuro.

Pero, ¿por qué una orden religiosa a fines del siglo xvi plantea la necesidad de un paradigma educativo? En respuesta a una realidad, la Compañía empezó a prestar a la educación una dedicación prioritaria. De esta manera, como hemos visto, rápidamente fueron creadas numerosas instituciones educativas, incluyendo universidades. Al poco tiempo se vio necesario darles a estas instituciones una orientación común y se elaboró la Ratio Studiorum o Plan de Estudios, que en 1599 fue aprobada por el Padre General. Sin embargo, no es correcto identificar a la educación ignaciana con R. Studiorum (1599), porque si bien es un punto de arranque, la misma Compañía ha ido dinámicamente evolucionando en su apreciación de la educación ignaciana.

San Ignacio tenía una visión muy clara del hombre, entendido como cuerpo y alma en unidad indisoluble que vive, actúa, aprende y se realiza como una unidad. El hombre ignaciano está claramente definido en los Ejercicios Espirituales, que son la base de la espiritualidad ignaciana y de todo su sistema educacional: el alma y el cuerpo no son extraños entre sí; no es el hombre un ser dual, complejo de realidad espiritual y material, sino que esa tensión dialéctica es complementaria; es, en términos filosóficos, una síntesis y, en términos pedagógicos, un diálogo en el que cada uno de los elementos dialogantes recibe algo de otro y da algo. Este principio ha inspirado la organización educacional por parte de los educadores ignacianos: la educación debe adaptarse a las circunstancias de los tiempos, lugares y personas, vale decir, estar inserta en el contexto, estar encarnada.

Cabe destacar que cuando todavía no había en el mundo una organización sistemática de la educación, la presencia de los colegios de la Compañía inauguró la posibilidad de empezar a pensar la educación como un proyecto para todos. Sea en presencia o en ausencia de la Compañía de Jesús, los efectos de la educación institucional que ella forjó dejaron su impronta en la historia de la construcción del saber de nuestro país desde sus orígenes coloniales hasta nuestros días. Hoy, las universidades de inspiración jesuita se asocian en AUSJAL (Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina), y han elaborado un Documento Desafío de América Latina con una propuesta educativa, publicado en 1995. Este texto es considerado clave en la definición de la misión y la visión de las universidades de AUSJAL en el contexto de las sociedades latinoamericanas en las que se insertan.