En el COSUP del 12 de diciembre de 1965, el rector, R. P. Eduardo Martínez Márquez declaraba: “En lo edilicio: tan deficientes como sabemos”. Esta sincera afirmación solo era una manera de compartir la preocupación que, a mediados de los años 60, tenían los miembros del claustro con respecto a los diversos edificios del centro de la ciudad, donde daba clase la universidad.

En 1965, solucionar la descentralización era prioridad, ya que los problemas se hacían evidentes debido al crecimiento sostenido del número de alumnos. La Universidad jesuita, como hemos visto, nació en el Colegio del Salvador, pero claramente su oferta académica y su prestigio hicieron que desbordara el espacio disponible en el horario nocturno, que era el que podía brindarle la institución. Esta situación puso de manifiesto la necesidad de buscar nuevas aulas. De esta forma se consolidó la presencia de la Universidad del Salvador en el centro de la ciudad de Buenos Aires.

Si algo podemos afirmar sin equivocarnos es que esta dispersión fue una preocupación constante en la búsqueda de la superación de las dificultades, acompañada por el sueño del Padre Quiles de fundar un Campus urbano.

Actualmente, se han encontrado otras soluciones. La USAL posee 19 edificios propios en la ciudad de Buenos Aires, de los cuales 10 se dedican plenamente a la enseñanza. Cabe estacar entre ellos el de la esquina de Córdoba y Montevideo con características sustentables, que alberga la Facultad de Medicina. Se trata de una torre de 12 pisos, con una superficie total de 14 145 m2, que posee paneles de energía solar, lámparas LED, vidrios de alto rendimiento, entre otras cualidades. El diseño del edificio responde a un pormenorizado estudio de las necesidades de la Universidad y al “cuidado de la casa común”, al decir del Papa Francisco en la Encíclica Laudato Si’.

También han contribuido a esta solución los campus universitarios de Pilar y Gobernador Virasoro. Pero, además, no podemos dejar de mencionar el Predio Padre Juan José Guillelmo a orillas del Lago Mascardi, en la ciudad de Bariloche, espacio dedicado a la recreación, pero también a encuentros académicos.