Los jesuitas en Argentina, como se dijo, atentos al pedido del Concilio Vaticano II, que exhortaba al conjunto de la Iglesia a volver a las fuentes y revisar los compromisos que se tenían en esa época, concluyeron que no podían seguir haciéndose cargo del gobierno de la Universidad del Salvador. Al Padre Jorge Bergoglio S. J. le correspondió la exigente tarea de concretar esa decisión en nombre de la Compañía de Jesús, traspasándola a un grupo de laicos en 1974.

En esas circunstancias, el Padre Bergoglio ofrece un conjunto de orientaciones contenidas en la Carta de principios: Historia y Cambio. En dicha Carta se proponen tres lineamientos que deberían de ahí en más regir a la Universidad del Salvador en su nueva etapa.

El primero es la “lucha contra el ateísmo”, expresión fuerte, dicha con un tono beligerante propio de ese tiempo. Años después, Mons. Bergoglio realiza una relectura del principio, que explica como una invitación a la búsqueda de la trascendencia.

El segundo lineamiento se refiere “al avance mediante el retorno a las fuentes”. O sea, tener presente los fundamentos originales del Evangelio y aquellos valores que con el correr del tiempo pueden haberse debilitado. Finalmente, el tercer principio sostiene el “universalismo a través de las diferencias”, cuestión que va a ser muy tratada por Francisco ya en su tarea de servicio a la Iglesia Universal.

Posteriormente, el Padre Bergoglio hace una relectura actualizada de la Carta de principios con ocasión de los diez, y luego veinte años de su publicación. Y al cumplirse los cincuenta años de su publicación —ya en su condición de sumo pontífice— invita “a cada miembro de la Universidad del Salvador a dar testimonio de su identidad ignaciana”.

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