A menudo, se escuchaba comentar al R. P. Ismael Quiles S. J. que, si Dios le hubiera permitido elegir las grandes circunstancias de su vida, hubiera deseado, sin titubear, nacer en España, ser sacerdote jesuita y morir en la Argentina. Este simple enunciado ilumina el sentido de su vida y su obra.
En 1922 ingresó en la Compañía de Jesús. Durante su noviciado tuvo la aspiración de ser misionero en la India, en Bombay, donde la Casa de Aragón tenía un centro de la Orden, pero su persistente mala salud puso un paréntesis muy prolongado al encuentro con las culturas de Asia. Gracias a su inteligencia, voluntad y disciplina ignacianas fue venciendo uno a uno los escollos que los acontecimientos históricos y la enfermedad le oponían. En 1930 se doctoró en Filosofía en el Colegio Máximo de San Ignacio, en Barcelona. Dos años más tarde, cuando el gobierno de la República suprimió las órdenes religiosas, los superiores lo enviaron a la Argentina. Llegó el 4 de marzo de 1932. Un año después fue ordenado sacerdote jesuita y, en el mismo año, se licenció en Teología.
Ismael Quiles fue decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad del Salvador, rector de la Universidad (1966-1970), prorrector (1970-1974) y rector emérito (desde 1990). Hacia 1960, había ya elaborado su antropología filosófica insistencial. A los 54 años, decidió ampliar el campo de su interés hacia las milenarias culturas del Asia y, en especial, al estudio de sus religiones y filosofías. El Prólogo de Filosofía Budista (1968) tiene un título revelador: “Oriente y Occidente: Filosofía y acercamiento humano”. Allí expone con claridad meridiana las razones de tan innovadora actitud: “salir del horizonte del pensamiento occidental, acercarnos al otro mundo y ver de cerca la otra experiencia humana”.
Ismael Quiles fue director de la Escuela de Estudios Orientales y del Instituto de Investigaciones Comparadas Oriente–Occidente hasta su muerte, el 8 de febrero de 1993. Su fallecimiento creó en la comunidad educativa la responsabilidad de continuar la tarea emprendida en un momento en que los estudios de las culturas asiáticas tomaron nueva relevancia y en el cual se patentizó el carácter visionario de su obra.


